lunes 7 de diciembre de 2009
miércoles 25 de noviembre de 2009
miércoles 18 de noviembre de 2009
iRse HAsta llEgaR al jarDíN
A veces pensaba que era un jardín lo que perdimos, a veces que era un río.
Habituados a la forma maquinal de las palabras, nos escurrimos demasiado pronto. Acabamos con las preguntas.
Y nos quedamos abrazados porque era lo único que teniamos: el uno al otro; y no
podíamos perdernos.
Nos abrazamos por horas hasta que paro de llover. Sentí que realmente no hacía
frío, y que el día se estaba acabando.
Yo no miraba las formas que aparecían en el agua; intentaba estarme quieta. Pero el letargo de los días pasados enfermaban la vista, la piel, las ruinas.
Una vez o dos te tambaleaste en el sillón, decidido a irte. “No estas listo”, pensé
y era verdad. Esperamos un par de horas hablando en voz baja. Esperamos sin saber
bien qué, repitiendo las letras del libro azul gigante que hería los ojos. Las
cortinas empezaban a tragarnos y las grietas que veíamos en la pared se desfiguraban
hasta convertirse en un sol, una cara, un trueno.
Solo vos sabes el color que tenian mis manos cuando nos encerramos en la casa, el
peso que tenían mis pensamientos. Seguimos a la esfinge hasta el fin, hasta que se
abrió la puerta y dijiste: “me voy, se me hace tarde”.
Ni el jardín ni el río se movían, eran impenetrables, imposibles.
Habituados a la forma maquinal de las palabras, nos escurrimos demasiado pronto. Acabamos con las preguntas.
Y nos quedamos abrazados porque era lo único que teniamos: el uno al otro; y no
podíamos perdernos.
Nos abrazamos por horas hasta que paro de llover. Sentí que realmente no hacía
frío, y que el día se estaba acabando.
Yo no miraba las formas que aparecían en el agua; intentaba estarme quieta. Pero el letargo de los días pasados enfermaban la vista, la piel, las ruinas.
Una vez o dos te tambaleaste en el sillón, decidido a irte. “No estas listo”, pensé
y era verdad. Esperamos un par de horas hablando en voz baja. Esperamos sin saber
bien qué, repitiendo las letras del libro azul gigante que hería los ojos. Las
cortinas empezaban a tragarnos y las grietas que veíamos en la pared se desfiguraban
hasta convertirse en un sol, una cara, un trueno.
Solo vos sabes el color que tenian mis manos cuando nos encerramos en la casa, el
peso que tenían mis pensamientos. Seguimos a la esfinge hasta el fin, hasta que se
abrió la puerta y dijiste: “me voy, se me hace tarde”.
Ni el jardín ni el río se movían, eran impenetrables, imposibles.
domingo 11 de octubre de 2009
Te dije bajo ese cielo turquesa, te hablé.
Te esperé acurrucada en tu pecho.
Sembré un camino enrevesado doblando en las curvas, siempre en las curvas,apretando los dientes para que no se escape la verdad; para tenerla conmigo y que esté con vos. Para que con ojos humanos nos miremos, con cuerpo humano nos abracemos, y con felicidad humana nos asombremos por tenernos.
Te esperé acurrucada en tu pecho.
Sembré un camino enrevesado doblando en las curvas, siempre en las curvas,apretando los dientes para que no se escape la verdad; para tenerla conmigo y que esté con vos. Para que con ojos humanos nos miremos, con cuerpo humano nos abracemos, y con felicidad humana nos asombremos por tenernos.
jueves 13 de agosto de 2009
esO siEnTO el jUEves
Y la casa, que huele a jazmin por doquier
Y mi casa siempre debe oler a jazmin por doquier.
No mido el ancho del espacio que ocupo con mi cuerpo
Y Kurt Cobain canta después de Jack White, en unos parlantes muy malos.
Y la mitad de los platos estan sucios.
Y no hay palabras para decir que no se hayan dicho. La literatura en decadencia.
Y esta enorme cantidad de objetos acumulados no tiene el menor sentido, solo se puede intentar vagamente una posible clasificacion. No ahora. Ni después.
Aprovechar el tiempo es todo un arte, decidir en el momento correcto sin pensar, entrar en el molde exacto. Es todo un arte.
domingo 21 de junio de 2009
ChicAs
El terciopelo de mi piel es cada vez más denso y se filtran las luces por entre la trama. Con una daga afilada que hundo en mis mejillas, alcanzo el frio.
Intento sonreír.
Bailaba en una fiesta inventada con música de los `50, y me enamoré de cada chico que ví; y quise bailar con cada chica que ví y que entrásemos en sincronía con la música. Y fumé dos pitadas de un cigarrillo, pero yo no fumo. Y escuché el ruido que hacían mis zapatos con cada golpe en el piso. Y bailé emocionada por poder moverme tan fácilmente y deslizarme en la penumbra cerca de los baños. Desde donde estaba, se veía el baño de hombres iluminado de rojo. Cada tanto entraban los mismos dos chicos a tomar cocaína, como podía verse desde mi rincón.
Intento sonreír.
Bailaba en una fiesta inventada con música de los `50, y me enamoré de cada chico que ví; y quise bailar con cada chica que ví y que entrásemos en sincronía con la música. Y fumé dos pitadas de un cigarrillo, pero yo no fumo. Y escuché el ruido que hacían mis zapatos con cada golpe en el piso. Y bailé emocionada por poder moverme tan fácilmente y deslizarme en la penumbra cerca de los baños. Desde donde estaba, se veía el baño de hombres iluminado de rojo. Cada tanto entraban los mismos dos chicos a tomar cocaína, como podía verse desde mi rincón.
sábado 23 de mayo de 2009
dE LOs altOS pAstoS (versión final)
I
Sabe que la van a devorar, porque es un centauro y de los raros.
En ese momento, puede recordar con precisión cuánto mide y cuánto pesa la estatua de la libertad, aunque no cree haber leído ese dato en ningún lado.
Recuerda que, en el momento en que está fuera de la casa, se encuentra en el día catorce de su ciclo menstrual.
Abre las piernas y la distancia entre ambas es abismal.
Camina, y su paso siguiente, la aleja leguas de su paso anterior.
Caleidoscopios en perspectiva inundan su visión entre las plantas.
Adentro, cuando observa los dibujos de los mosaicos del baño, entiende el significado de la palabra “psicodelia”.
Ya no soy yo
o soy yo en
tercera persona.
En los sueños, también cambia la perspectiva del narrador.
Hace mucho frío; no hay más destellos. Su mano se resbala contra la mía, helada.
El pasto alto se mete entre nosotros. Murmullos por todos lados. Hay grillos y animales pequeños en esta oscuridad. Sin aliento, miramos la luz que se apaga del todo, a lo lejos.
Cuando entramos en la casa, vamos a la habitación y le cuento un secreto. Nada que pueda recordar ahora, no es importante.
Bailamos en la oscuridad. Estoy sola, pienso. En el fondo estoy sola. Bebo líquido y me recuesto en la cama matrimonial.
“Que se haga agua la boca dentro del cemento. Que me parta el fuego que llevo. Que algo se destape en mi interior ahora.”
Existen infinitas maneras de tener un final. “Soy un Centauro y de los raros”, me repito.
II
Baja la cabeza cavilando, quiere poder desechar eso que la está alienando; eso que le produce la ansiedad enceguecedora, de querer resolver su vida en ese instante, esa misma noche.
Siente un relámpago en la cabeza, que amenaza con ser un trueno todo el tiempo. Pero no sucede. No sucede.
¿Quién es esa que se mira en el espejo con la luz apagada?
Ruega ver un reflejo ahí, en sus ojos lacrimosos. Intenta que su rostro no la abandone para así, no perderse.
Sólo ver los ojos de su madre en los suyos, la hará sentir mejor.
III
Alguien dice que han pasado frente a la casa y se han dado cuenta de todo.
¿De qué se han dado cuenta?- se pregunta.
Esa cama está manchada con rastros de gente que no es la suya.
Esa habitación no la acaricia ni la arrulla.
Un rosario enorme de madera, descansa clavado en la pared del respaldo de la cama.
Las voces de afuera de la habitación se mezclan con las de su pensamiento obscenamente.
Hay ocho hombres rondando dentro de la casa. Uno de ellos entra a la habitación y masculla incoherencias.
No cree en nada de lo que sus sentidos perciben. Tiene miedo, un miedo ancestral. Miedo a la muerte de ella misma tal como se conoce hasta ahora.
El hombre está buscando un remedio entre sus cosas. Para ella esas acciones se suceden como pesadillas sin final.
¿Alcanzaré a verlo en la mañana? ¿El cielo será azul, nosotros humanos?
Eso deseo. Que nos una el abrazo y sea nuestro.
Necesito tomar aire. Salgo tambaleando por los pasillos hasta que por fin llego al patio
Meto mis manos frías en el saco.
No puedo ver más allá de las luces de la galería, que antecede la puerta de entrada a la casa. La oscuridad del campo envuelve todo alrededor. Hay mucha paz y silencio. Y frío.
El agua está quieta en el estanque. Algunas plantas acuáticas flotan allí.
Cansada de los artilugios de mi propia cabeza, poso mis ojos en el líquido inmóvil.
El remanso de la noche me hará llegar a donde quiero ir, quizás.
Y si no es así, también valió la pena haber recorrido el sendero de las piedras blancas, antes de llegar al río. Se forjaron en mí como diamantes brillando en la purpurina de ésta noche estrellada.
IV
“¿Quién me cuida?” Me pregunto sobresaltada, al tiempo que me incorporo de la cama. “¿Quién nos cuida?”
Me levanto y camino por las distintas habitaciones que van apareciendo a mi paso como partes de un laberinto que no termino de armar en mi cabeza.
Continúo hasta llegar a una cocina. Allí mantengo largas conversaciones con dos hombres. Uno es un vampiro, el otro debe ser un santo.
La luz de la cocina, es amarilla. Afuera hay noche por todos lados. La helada reluciente se cuela por las ventanas. Les digo que tengo miedo. Les pido que me protejan. No sé si pueden entenderme. El lenguaje de las palabras es pesado; es lento y confuso. Siempre ha sido así, pero no lo había notado tan claramente hasta este momento.
Me dan agua y el vampiro (o el santo, ya no lo sé), me dice que estoy pálida. Con un ademán me indica una puerta de salida de la casa.
V
Hay un jardín si lográs salir por la puerta trasera. En ese jardín no hay colores. Es negro como la noche, y toda palabra se desgarra cuando sale de tus labios, impidiendo que se formen oraciones completas.
En este punto, ella soy yo.
Afino el lápiz para escribir en mi único cuaderno verde.
Sigo el ritmo que tiene la negrura de la tierra del jardín.
Todo es frío, y la estatua a mi lado dispara acertijos. Pero soy un centauro, no sé qué responder.
Lo que esta ocurriendo no es ningún sueño aunque, por momentos, decide creer lo contrario y se comporta en consecuencia. Entonces sus acciones no existen como tales y cuando despierte no afectarán la realidad.
Los acertijos de la estatua, se hacen más descarnados y le resuenan en el pecho. Quiere responder pero siente miedo de que, al hacerlo, algo culmine y no sea del todo bueno.
“Pero esto es un sueño; es un sueño y si no lo es,
ya no voy a poder regresar.”
Mis ojos no son tuyos, mi Navidad no estuvo bien, mi madre es aquella nube de lluvia que vi esta tarde. Intenté ser mejor; no fui buena, ni mala. No comí nada en las últimas veinticuatro horas. Lloré toda la mañana de ayer. Quise a un hombre y nadie lo sabe. El sol me daba en la cara hace unas horas; resplandecían las arañas y pasó un pájaro o dos. Quise ir al río, pero tuve miedo. Había sombras cuando nos abrazamos pero no dije nada.
Mi números se mezclaron, mis cuadernos también. Me olvidé lo que aprendí. Todo eso.
VI
Voy hasta la galería y allí brotan de mi interior todos los demonios en forma de líquido.
Veo hacia atrás, hay un demonio verde y uno rojo. Veo al que me quiso sacar un día el corazón y ahora se va porque no es mío. Los veo y me alegro. Veo como ya nunca más voy a poder ver.
Me siento en una reposera de la galería aliviada. Mi cuerpo está cansado, como si hubiera librado una lucha que se ha extendido más de lo que podía soportar.
De repente, el mundo entero está durmiendo y respirando pesadamente al mismo ritmo.
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